martes, 11 de febrero de 2014

Continuación

Chib mira por el visor del periscopio. Lo hace girar y mueve los botones de las empuñaduras para levantar y bajar el cíclope del extremo del tubo exterior. Accipiter ronda por el Nido de siete huevos, cada uno en el extremo de una de las anchas escaleras ligeramente curvadas que se extienden ramificándose desde el pedestal central.
Accipiter sube los escalones de una rama hasta la puerta de la señora Applebaum. La puerta se abre.
=Debe de haberla sacado del fornixator —dice Chib—. Y ella debe de encontrarse sola; no le habla por el fido. ¡Dios mío, es más gorda que Mamá!
—¿Por qué no?—dice el Abuelo—. El señor y la señora Cualquiera están sentados todo el día, comen, beben y ven fido, y sus cerebros se convierten en mierda y sus cuerpos en barro. César no hubiera tenido problemas, rodeándose de gordos amigos, en estos días. ¿Tú también comiste, Bruto?
El comentario del Abuelo, sin embargo, no debería aplicarse a la señora Applebaum. Tiene un conducto en la cabeza, y la gente adicta a la fornixación raramente engorda. Se quedan sentados o acostados durante todo el día y parte de la noche, con la aguja clavada en la zona de fornixación del cerebro enviando una serie de pequeñas sacudidas eléctricas. Un éxtasis indescriptible fluye por sus cuerpos con cada impulso, delicia mucho mayor que cualquier placer de comida, bebida o sexo. Es ilegal, pero el gobierno nunca molesta a un usuario a menos que le necesite para alguna otra cosa, ya que un fórnico raras veces tiene hijos. Un 20 % de la población de LA se ha hecho perforar un agujero en la cabeza e insertar un delgado canal para el acceso de la aguja. El 5 % son adictos; se consumen, comiendo de tarde en tarde, con las vejigas hinchadas y vertiendo venenos en la corriente sanguínea.
—Mi hermano y mi hermana deben de haberte visto a veces cuando salías a por provisiones—dice Chib.
—Ellos también creen que soy un fantasma. ¡A estas alturas! Pero quizás es una buena señal el que puedan creer en algo, aunque sea en un espectro.
—Será mejor que dejes de escaparte a la iglesia.
—La Iglesia y tú sois lo único que me mantiene en marcha. Aunque fue un día triste, cuando me dijiste que no podías creer. Hubieras sido un buen sacerdote, con defectos, desde luego, y yo hubiera podido tener misa y confesión privadas en esta habitación.
Chib no dice nada. Fue a misa y participó en los servicios sólo para complacer al Abuelo. La iglesia era una caracola ovoide que, puesta al oído, sólo dejaba oír el distante rugido de Dios alejándose como el reflujo de la marea.

Hay universos que piden dioses
y, sin embargo, Él sobrevuela éste buscando trabajo.

De las Memorias del Abuelo

sábado, 1 de febrero de 2014

La hora de la verdad (Maripili)

Miercoles 8 de la mañana de un dia cualquiera...
Amanece en la ciudad, y comienza un dia nuevo. El olor a cafe recien hecho augura un sin fin de posibilidades para el dia de hoy.
Echare un vistazo al facebook mientras se enfria este delicioso cafe, que todavia no me puedo beber.
Uisss...no carga, A ver...las luces del modem estan fijas...Uy! Que tarde es ya.
Adios cafe.

Corre, date prisa...otro dia que llegaras "a rass" al trabajo.
El semaforo... en rojo.
Tres interminables minutos.
...
Menos mal, ya parpadea el muñequito.
Ooootro semaforo, y la policia un poco mas adeante.

Por tu madre!! NI SE TE OCURRA echarle un vistazo al movil ahora. Hay muchas cosas que podrian enturbiar este maravilloso dia, y una multa seria una de ellas.

....
Que hora es? Cinco minutos mas y se acaba la jornada remunerada.
....
Sin novedad en el frente. Ahora empieza la vida.
Corre una vez mas, todavia te quedan muchas cosas que hacer Winnegan.
Y ahora?...otra vez.

Welcome to the jungle
we take it day by day
...
Jungle,
welcome to the jungle
watch in bring you to your knees,knees

Y ahora a ver que ha pasado con el dichoso internet. Las luces siguen fijas.

Apagar, encender. Meter clavija, sacar clavija.
No,no...eso noooo
escape, escape, escape

Por todos los versos de Voxpopper... sigue igual!!!

Tendre que llamar a Atencion al Cliente para ver si me lo arregla.

ti-to-ti-to

Bienvenido a Coño. Lo mejor de la fibra optica con las mejores tarifas moviles, ahora, a un precio invatible. Y si necesitas un terminal movil, pregunta por nuestras ofertas.

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Le informamos de que tambien puede gestionar y realizar el seguimiento de sus averias en nuestra web www.coño.es en el apartado area de clientes.
Si el motivo de su llamada es por su averia en el servicio de internet pulse 1.
Si es por alguna otra cuestion pulse 2.

1

Recuerde que en el area de cliente de coño.es podra realizar sus gestiones de forma gratuita, agil y segura.
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En estos momentos todos nuestros tecnicos estan ocupados.
Su tiempo estimado de espera es menor de 5 minutos.

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En estos momentos todos nuestros tecnicos estan ocupados.
Su tiempo estimado de espera es menor de 2 minutos.

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Por favor, permanezca a la espera. Nuestros tecnicos le atenderan en un tiempo estimado de unos 20 segundos.

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Por favor, permanezca a la espera. Su tiempo estimado de espera es inferior a 20 segundos.

- Buenas tardes, servicio tecnico de Coño, le atiende Ya-vé. En que puedo ayudarle?
- Buenas tardes, desde esta mañana no tengo acceso a internet desde el wifi.
- Un momento, por favor, vamos a comprobar si llega correcta la señal a su ordenador.

(Silencio)
5 min. mas tarde...

- Disculpe la espera. Estamos realizando las comprobaciones necesarias.

(Silencio)
5 min. mas ... (Mosqueo nivel leve)

- Hola? Holaaa?
- Si, disculpe la espera. Estamos realizando las comprobaciones en la linea para comprobar si le llega la señal correctamente.

(Silencio)

5 min mas tarde...

- Holaaaa?
(Silencio)
(Silencio)
(Silencio)

10min. mas tarde... (Mosqueo nivel medio y creciendo)

- Si, Sr. Chib, disculpe la espera. Hemos comprobado la señal que llega a su equipo y llega perfectamente. Vamos a realizar un reseteo del modem para que se actualicen los cambios.

(...) (Silencio)

- Se han apagado todas las luces?.
- Si
- Espere un momento que vamos a comprobar si recibimos correctamente la señal de su modem.

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5 min. mas de espera.

- En estos momentos no podemos resolverle su incidendia. Vuelva a ponerse en contacto con nosotros mañana de 9 a 20 horas, o tambien puede gestionar su averia a traves de nuestra web www.coño.es en el apartado area de clientes.
Si es tan amable no me cuelgue que le van a realizar una breve en cuesta. Buenas noches.

(Mosqueo nivel Alto)

- Oiga, oiga. Me quiere decir que despues de mas de 40 minutos al telefono no puede resolver la averia?

- No. Hemos hecho todas las comprobaciones, y sera necesario que un tecnico se persone en su domicilio para resolver la averia. De todas formas, le recuerdo que tambien puede gestionar y realizar el seguimiento de su averia en nuestra web www.coño.es en el apartado area de clientes.

22:30H....Hasta mas arriba de la peineta.....

- Si es tan amable no me cuelgue que le van a realizar una breve en cuesta. Buenas noches.

Encuesta, poco tranquilizadora.

Con el fin de conocer el grado de satisfaccion con la llamada que acaba de realizar puntuandola de 1 a 9 con el teclado, siendo 9 la mejor puntuacion.

-TI-

Para finalizar, si se ha resuelto su consulta en esta llamada marque 1, si esta a la espera de alguna gestion por nuestra parte marque 2, si por el contrario considera que no esta resuelta marque 3.
Gracias por su amabilidad.

-TI-

ti-ti-ti-ti....

- Por todos los versos de Voxpopper!!! Esto no se puede quedar así. Esto requiere una satisfaccion personal,... una venganza, ...un duelo entre la voz del mas alla, y la persona del mas acá.


ti-to-ti-to

De nuevo la voz mecanizada se oye a través del telefono.

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Por favor, permanezca a la espera. Su tiempo estimado de espera es inferior a 20 segundos.

- Buenas noches, servicio tecnico de Coño, le atiende Ya-bebe. En que puedo ayudarle?
- Buenas noches. Quiero poner una reclamacion, porque despues de tenerme mas de una hora al telefono no han conseguido arreglarme la averia que tengo con internet.
- Si Sr. Chib, veo aqui que, hay abierta una incidencia, en este momento estamos trabajando para resolverla,  y en 24 horas se pondran en contacto con usted para solucionarla. Debido a esto, el sistema no permite que podamos gestionar su reclamacion, pero le recuerdo que tambien puede gestionar y realizar el seguimiento de su averia en nuestra web www.coño.es en el apartado area de clientes.

- Aaaarrggg.... (•̪●)  (◑﹏◐) lo siguiente...

凸(¬‿¬)凸  

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- Ya,... Asi que puedo realizar el seguimiento de la averia a traves de la web del coño.es , no?
- Si, asi es.
- Muy bien pero.... tengo un problema.
- Digame, en que puedo ayudarle?
- Como quieres que haga el seguimiento en la web, SI NO TENGO INTERNEEEEEEET....







domingo, 26 de enero de 2014

eclosión ovoforme (Mar)

Tenía diez años. Había vuelto al día en que cambió su vida, al día en que decidió vender su alma al mejor postor. Veinte años después seguiría en oferta y todavía no habría aparecido el comprador.

El edificio era antiguo, todavía se apreciaban formas estructurales que en esa época habían desaparecido ya casi por completo. Seguramente tendría más de un siglo de antigüedad. Su silueta de barca boca abajo en la arena indicaba que el arquitecto había sido pionero en el diseño aunque todavía conservaba ángulos diseminados aquí y allá en puertas y ventanas. El gobierno lo hubiese declarado monumento artístico si no fuera porque desde sus inicios había estado  destinado a convertirse en un burdel. Los años habían resquebrajado sus paredes y los hombres habían intentado darle un toque de modernidad. El resultado era un sólido ovoide con ventanas rectangulares y un proyector holográfico que todas las noches convertía el edificio en un sueño diferente. 

El abuelo lo había llevado allí el día de su décimo cumpleaños. 

-Creo que ha llegado el momento, podrás luchar contra ello o sumergirte de lleno, eso será decisión tuya, pero debes conocerlo ya. –le había dicho mientras traspasaban el umbral de la puerta que se abrió sola por el sencillo método de la recolocación de sus átomos alrededor del marco. En un principio el vestíbulo lo desorientó. Era mucho más grande que el área del edificio daba a entender, después comprendió que se debía al reflector multidimensional que colgaba del techo. Habían pasado de moda hacía mucho pero el local lo conservaba como muestra del avance tecnológico que imperaba en la fecha de su construcción. Era una reliquia, al igual que los cortinajes de tela real que flotaban suspendidos del techo. Los colores, dentro de la gama de los amarillos y naranjas, indicaban claramente el lugar en el que se encontraba. Varios asientos de formas extrañas se hallaban dispersos por la sala, luego supo que eran una especie de divanes llamados tu y yo, verdaderas antigüedades de la edad en la que la gente todavía creía que Dios era un ser bondadoso que había creado a la humanidad a su imagen y semejanza. Eso fue muchísimo tiempo atrás, antes de que naciera el abuelo, antes incluso de que naciera el abuelo de su abuelo.

 Gracias a Klam esas ideas de dioses buenos y bondadosos habían desaparecido de la conciencia de la gente. Ahora se sabía que Dios había sido un rebelde, un ente caído expulsado del reino de lo eterno que juró vengarse de sus propios creadores creando a su vez su propio universo de seguidores. Durante milenios, estos lo adoraron, se inmolaron y crearon y destruyeron culturas enteras en su nombre. Si bien es cierto que en la época del advenimiento de Klam Dios había perdido mucho de su poder, todavía tenía infinidad de seguidores que se postraban ante Él en todas sus manifestaciones y bajo todos sus nombres: Yavhé, Alá, Jeovhá, Mitra, Thor, Buda… y tantos y tantos como hombres había bajo el cielo. Klam llevó la luz a las gentes y tras la batalla que redujo a Dios condenándolo al fuego eterno de los infiernos, se marchó de nuevo dejando, por primera vez en la historia de la humanidad, a los hombres elegir su verdadero destino. Klam trajo el libre albedrío realmente a la tierra. Y eso había sido bueno (libro de Klam, cap.III vers. 14) pese a las voces que se elevaban negándolo. Chib ya sabía a esa edad que tendría problemas con la sociedad religiosa, creer en un dios bueno era tan absurdo como la obligación de no creer en él. La libertad era un mito, aunque durante toda su vida guiaría sus pasos a conseguirla. 

En el vestíbulo desierto resonaron los pasos de la madame que fue a recibirlos. Era una mujer alta, delgada para los cánones de belleza que se llevaban en ese momento. Su melena color plata caía como una cascada sobre sus hombros y acentuaba el tono moreno de su piel. Parecía  tener en torno a los cuarenta años pero teniendo en cuenta que podía haberse sometido a cuatro o cinco renovaciones, tal vez era bastante más mayor. Vestía una túnica color burdeos sujeta a un hombro por un broche color verde en forma de libélula y afianzada a la cintura por un cordón en el mismo tono esmeralda que el broche. Cuando el prostíbulo se convirtiera en su hogar, años más tarde, Chib se daría cuenta de que esa era invariablemente su indumentaria.

-Winnegan, ¡cuánto tiempo sin verle por aquí!- le dijo a su abuelo mientras tomaba sus manos y las depositaba en sus pechos. Él sabía que era el saludo típico de la profesión, reminiscencias de cuando las transacciones en los lupanares se reducían al mero acto sexual. –pensábamos que ya había encontrado a su Dama y que por eso nos había olvidado, Klepside todavía se encuentra entre nosotras, ¿desea verla? No se preocupe por el tiempo transcurrido, todas mis chicas acuden a sus renovaciones puntualmente.

-No, querida Artemisa, no vengo por mí. Hace tiempo que mis emolumentos no llegan para pagar vuestros servicios, y menos los de la espléndida Klepside, que Klam guarde integra cien años más. En esta ocasión, y de forma excepcional, vengo por mi nieto. –Explicó mientras empujaba suavemente a Chib hacia la dama. Esta se le quedó mirando sorprendida, primero al chico y después al abuelo

-¿No le parece que es un poco tarde? ¿Qué tiene, nueve años?

-Diez, y no, no es tarde, digamos que su madre es poco convencional y el niño todavía es virgen -respondió el abuelo

-¿Virgen a los diez?  ¡Klam bendito! ¿Pero en qué piensa su madre? ¿Cómo es que…?¡Un momento! –exclamó Artemisa abriendo sus inmensos ojos plateados (fruto sin duda de una renovación último modelo) en un chispazo de entendimiento –Winnegan, ¡tú quieres convertirlo en un elegido! –el cambio al tuteo no pasó desapercibido a Chib que observaba a los dos adultos con una mezcla de sereno desconcierto. El silencio del abuelo corroboró las sospechas de la mujer. –Eso puede costarte caro, y no me refiero únicamente a los créditos que puedas gastarte con nosotras.

-Lo sé. Ya estoy arriesgando mucho saliendo a la luz para traerlo aquí, pero es importante.

La mujer miró largo rato al abuelo y luego, sin decir nada, cogió a Chib de la mano y lo condujo al fondo del salón, donde una puerta tan antigua que solo se abría manualmente, quedaba medio escondida entre los cortinajes. Una vez traspasada, la magia del lugar se convirtió en un largo y sórdido pasillo sembrado de puertas rectangulares en toda su longitud. Llegaron a una en cuya hoja había una K color esmeralda dibujada con cierta grafía gótica.

-Espera aquí –le dijo la mujer que  acto seguido, entró en la habitación cerrando la puerta tras ella. Chib, obediente, esperó mientras contaba las baldosas simuladas que había en el suelo de vinilo. 

.............................


                                                                                          

lunes, 20 de enero de 2014

El pie es de Philip José Farmer, el final solo el alcohol y las malas compañías lo sabe.

Si Julio Verne hubiera podido realmente ver el futuro, por ejemplo en 1966 d. C., se hubiera cagado en los calzoncillos. Y en 2166, ¡la leche!
De Cómo mamé del Tío Sam y otras eyaculaciones privadas, memorias inéditas del Abuelo Winnegan.
El gallo que cantaba para atrás
In y Sub, los gigantes, lo muelen para hacer pan.
Rotos fragmentos flotan, a través del vino del sueño. Grandes pies aplastan uvas abisales para e' sacramento del íncubo.
Él, como Simón, pesca en su alma, mar en que mora el leviatán.
Gime, casi se despierta, se da la vuelta sudando océanos negros y gime otra vez. In y Sub, poniendo manos a la obra, giran las ruedas de piedra del molino hundido y murmuran "fái, fái, fou, fom". Ojos brillando, color rojo-naranja como los de una gata al parir en su madriguera; dientes romos, dígitos blancos en la aritmética de las tinieblas.
In y Sub, también como Simón, mezclan activamente metáforas inconscientes.
Colina de estiércol y el huevo del gallo: el basilisco se levanta y canta, primera vez de tres, en la hinchazón de sangre de yo soy la erección y el coito.
La hinchazón crece y crece hasta que peso y longitud se combinan para curvarse allá arriba, como un sauce todavía no llorón poco de fiar. La roja cabeza cíclope se asoma por el borde de la cama. Descansa su mandíbula barbilampiña; después, hinchándose, se desliza arriba y abajo. Mirando con un solo ojo aquí y allá, olfatea arcaicamente el suelo y se encamina hacia la puerta, dejada abierta por el lapsus linguae de centinelas perezosos.
Un gruñido en el centro de la habitación lo hace volverse. El asno de tres patas, caballete de Baal, está rebuznando. En el caballete está el "lienzo", un cuenco oval poco profundo de plástico irradiado, especialmente tratado. El lienzo tiene dos metros de alto y cincuenta centímetros de profundidad. El cuadro representa una escena que debe estar terminada mañana.
Medio escultura medio dibujo, las figuras están en altorrelieve, redondeadas, unas más cerca del fondo del cuenco que otras. Brillan con la luz exterior y también gracias al plástico, luminoso por sí mismo, del lienzo. La luz parece penetrar en las figuras, mojarlas un poco, después desvanecerse. La luz es de un color rojo pálido, el
rojo del alba, de la sangre aguada con lágrimas, de la ira, de la tinta en el capítulo "debe" del libro Mayor.
Este cuadro pertenece a su Serie del Perro: Dogmas de un perro, La batalla aérea del perro, Los días del perro. El perro del Sol, El perro invertido, El perro de los escombros, Criadillas de perro, El cazador de perros, El mastín yacente, El perro del ángulo recto e Improvisaciones sobre un perro.
Sócrates, Ben Johnson, Cellini, Swedenborg, Li Po y Hiawatha están de juerga en la Taberna de la Sirena. Por una ventana se ve a Dédalo en lo alto de las almenas de Cnoseus, metiéndole un cohete en el culo a su hijo Icaro para proporcionarle un despegue de propulsión a chorro para su famoso vuelo. En un rincón se agazapa Og, hijo del Fuego. Roe un hueso de tigre "dientes de sable" y dibuja bisontes y mamuts en el yeso enmohecido. La camarera, Atenea, se inclina sobre la mesa en la que sirve néctar y galletas a sus distinguidos clientes. Aristóteles, con cuernos de cabra, está tras ella. Le ha levantado la falda y la está topeteando por detrás. Las cenizas del cigarrillo que oscila entre sus labios, que sonríen tontamente, han caído en la falda, que empieza a humear. En la puerta de los servicios de caballeros un Batman borracho sucumbe a un deseo largo tiempo reprimido e intenta violar a Robín. Por otra ventana se ve un lago sobre cuya superficie camina un hombre, con un halo verde
deslucido flotando sobre su cabeza. Tras él, un periscopio sale del agua.
Prensil, el pene se enrolla alrededor del pincel y comienza a pintar. El pincel es un pequeño cilindro, conectado por uno de sus extremos a una manguera que va a una máquina con forma de cúpula. Por el otro extremo del cilindro asoma la embocadura de la manguera. Su apertura puede ser regulada girando un botón en el cilindro. Varios botones adicionales controlan el espesor de salida—desde fina aspersión a grueso chorro—, así como el color y el matiz.
Furiosamente, proboscídeo, dibuja otra figura capa a capa. Luego capta un mustio olor a moho, deja el pincel y se desliza, atravesando la puerta y siguiendo la curvatura de la pared de la habitación ovalada, describiendo la ondulación de las criaturas sin patas: un garabato en la arena que todos pueden leer pero pocos comprenden. La sangre late al mismo ritmo que los molinos de In y Sub para alimentar y emborrachar al reptil de sangre caliente. Pero las paredes, detectando la masa intrusa y el deseo de eyección, brillan.
Él gime, y la cobra glandular se levanta y se agita por la emoción de su deseo de ocultación. ¡Que no haya luz! La noche debe ser su embozo. Se apresura al pasar junto al dormitorio materno, más cerca de la salida. ¡Ah! Suspira suavemente con alivio, pero el aire silba por la boca apretada y vertical, anunciando la salida del rápido a Desideratum.
La puerta es antigua: tiene cerradura de llave. ¡Rápido! Sube por la rampa y sale de la casa a través del ojo de la cerradura, hasta la calle. Alguien aborda a una puta, una joven con cabello plateado fosforescente y labios haciendo juego.
Sale, baja por la calle y se le enrolla a un tobillo. Ella mira hacia abajo con sorpresa, y luego con miedo. A él le gusta eso; demasiadas tienen demasiadas ganas. Ha encontrado un as entre la paja.
Sube, por la pierna suave como oreja de gato, se enrosca más y más, se desliza sobre el valle de la ingle. Acaricia los tiernos pelos ondulados y después, medio Tántalo, contornea la leve convexidad del vientre, dice "hola" al ombligo, lo aprieta para tocar el timbre, se enrosca alrededor de la estrecha cintura y, tímida y rápidamente, arrebata un beso de cada pezón. Después vuelve abajo para formar una expedición que escale la vagina y plante la bandera en la matriz.
¡Oh, tabú delicioso y enfermedad sacrosanta! Hay un niño allí, ectoplasma comenzando a formarse en ávida espera de realidad. Cae, óvulo, y recorre los toboganes de carne; apresúrate para engullir al afortunado micro-Moby Dick, expulsando a sus millones de hermanos: supervivencia del más apto.
Un, fuerte graznido llena la habitación. El aliento cálido hiela la piel. El suda. El fuselaje tumoroso se reviste de carámbanos y se dobla bajo el peso del hielo; la niebla remolinea alrededor, silbando por los recodos; los alerones y elevadores están bloqueados por el hielo y él pierde altura rápidamente. ¡Arriba, arriba! Venusberg enfrente, en algún lugar entre la niebla; Tannhauser, toca las trompetas, alza tus llamas. Estoy saltando del trampolín.
La puerta de la madre se ha abierto. Un sapo acuclillado llena el umbral ovalado. Su papada sube y baja como al croar; su boca sin dientes balbucea: "ginungagap". La lengua bífida se dispara y se enrosca alrededor del cerdo constrictor. El grita con ambas bocas y escupe aquí y allá. Corren las ondas de eyección. Dos garras nervudas se doblan y hacen en el cuerpo que cae un nudo; corredizo, desde luego.
La mujer corre. ¡Espérame! El torrente que sale brama, se estrella contra el nudo, ruge de rebote, chocan flujo y reflujo. Demasiado caudal y un solo cauce. Escupetea, el firmamento de agua se desploma, no hay arca de Noé; estalla como una nova, una explosión de millones de meteoritos retorciéndose y brillando, destellos en el cuenco de la existencia.
Llega el reinado del muslo. Ingle y vientre encajonados en mohosa armadura, y él frío, húmedo y temblando.

La patente de Dios sobre el alba expira
... Habla para vosotros Alfred Melophon Voxpopper, de los Empujones de la Aurora y la Hora del Café, canal 69B. Versos grabados durante la L Exposición y Competición anual del Centro de Arte Popular, Beverly Hills, nivel 14. Pronunciadas por Omar Bacchylides Runic, improvisadamente, si no tenéis en cuenta algunas meditaciones previas durante la velada de la víspera en la taberna particular El Universo Privado; y podéis hacerlo, porque Runic no recordaba lo más mínimo de esa velada. A pesar de lo cual ganó la Primera Corona de Laurel A; no hay Segunda, ni Tercera, etc., y las coronas se clasifican de la A a la Z; Dios bendiga nuestra democracia:
Un salmón gris rosado escalando las cascadas de la noche
hacia el remanso de la procreación de un nuevo día.
Alba: el rojo bramido del toro solar
embistiendo contra el horizonte.
La sangre fotónica de la noche sangrante,
apuñalada por el Sol asesino.
Y así durante cincuenta líneas puntuadas y separadas por vítores, aplausos, abucheos, siseos y gemidos.
Chib está medio despierto. Mira hacia abajo, a la oscuridad que disminuye conforme el sueño se aleja rugiendo por el túnel del Metro. Mira por entre párpados medio abiertos a la otra realidad: la conciencia.
—¡Que pierda la vista!—gruñó como Moisés; y al recordar sus largas barbas y cuernos (cortesía de Miguel Angel), piensa en su tatarabuelo.
La voluntad, como una palanqueta, obliga a sus párpados a abrirse. Ve la pantalla del fido que recorre la pared frente a él y se curva hasta la mitad del techo. El alba, paladín del Sol, abate su gris guantelete.
El canal 69B, TU CANAL FAVORITO, exclusivo para LA, te anuncia el amanecer (decepción profunda. Amanecer de una naturaleza falsa, modelado en la pantalla con electrones producidos por aparatos formados por el hombre).
¡Levántate con el Sol en el corazón y una canción en los labios! ¡Penetra en los versos convulsos de Omar Runic! ¡Mira el alba, como los pájaros en los árboles, como Dios, mírala!
Voxpopper recita los versos despacio mientras Anitra, de Grieg, fluye suavemente. El viejo noruego nunca soñó con un auditorio tan grande y tan bueno. Un joven, Chibiabos Elgreco Winnegan, tiene una mecha empapada, cortesía de un antiguo manantial en el campo de petróleo del subconsciente.
—Mueve el culo y ve a tu puesto—dice Chib—. Pegaso vuela hoy.
Habla, piensa, vive en el presente tensamente.
Chib salta de la cama y la oculta en la pared. Salir de la cama resbalando, arrugado como la lengua de un viejo borracho, rompería la estética de su habitación, destruiría esa curva que es el reflejo del Universo básico y lo perturbaría en su trabajo.
La habitación es un gran ovoide. En un rincón hay un ovoide más pequeño con el lavabo y la ducha. Sale de él con la apariencia de uno de los semidioses aqueos de Homero, masivamente musculado, de grandes brazos, piel de un moreno dorado, ojos azules y pelo marrón, aunque sin barba. Suena el timbre del fido como el croar de unas ranas de árbol sudamericanas que una vez oyó en el canal 122.
"¡Ábrete, Sésamo!"


Inter caecos regnat luscus
La cara de Rex se extiende por la pantalla del fido; los poros de su piel son como los cráteres de un campo de batalla de la I Guerra Mundial. Lleva un monóculo negro sobre el ojo izquierdo, arrancado en una discusión entre críticos de arte durante la Serie de Lecturas Me gusta Rembrandt en el canal 109. Aunque tiene suficiente influencia para conseguir prioridad de sustitución de ojos, ha rehusado.
—Inter caecos regnat luscus—dice cuando le preguntan, y a menudo cuando no—. Traducción: en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Por eso tomó el nombre de Rex Luscus, es decir Rey Tuerto.
Corre un rumor, propagado por Luscus, según el cual permitirá a los biomuchachos ponerle un ojo proteico artificial cuando vea las obras de un artista lo suficientemente grande como para justificar visión bifocal. Se rumorea también que podría hacerlo pronto, debido a su descubrimiento de Chibiabos Elgreco Winnegan.
Luscus mira ávidamente (alabando con adverbios) las formas de Chib. Éste se hincha, no de placer sino de ira.
Luscus dice blandamente.
—Querido, quería asegurarme de que te habías levantado y preparado para los asuntos tremendamente importantes de hoy. ¡Debes estar listo para la exposición! Pero, ahora que te veo, me acuerdo de que aún no he comido. ¿Qué te parece desayunar conmigo?
—¿Desayunar qué?—dice Chib. No espera la respuesta—. No. Tengo demasiado que hacer hoy. ¡Ciérrate, sésamo!
La cara de cabra o, tal como él prefiere describirla, la cara de Pan de Rex Luscus, Fauno de las Artes, se desvanece. Incluso se ha hecho adornar las orejas. Realmente encantador.
—¡Beeeee! —se burla Chib del fantasma—. ¡Bah! ¡Cínico! ¡Nunca te besaré el culo, Luscus, ni te dejaré besármelo a mí! ¡Aunque pierda el premio!
El timbre suena de nuevo. Aparece la cara oscura de Halcón Rojo Rousseau. Su nariz es aguileña y sus ojos como vidrio negro roto. Su ancha frente está rodeada por una cinta roja, que sujeta el liso cabello negro que le cae hasta los hombros. Su chaquetilla es de piel de gamo; un collar de cuentas, atado como una corbata de lazo,
le cuelga del cuello. Tiene el aspecto de un verdadero indio norteamericano, aunque Toro Sentado, Caballo Loco o el menos noble Perfil Griego de aquéllos le hubiera echado de la tribu a patadas. No es que fueran antisemíticos, es sólo que no hubieran podido respetar a un bravo a quien los caballos producirían urticaria alérgica.
Nacido Julius Applebaum, se convirtió legalmente en Halcón Rojo Rousseau en su Día del Nombre. Apenas volver del bosque, renaturalizado, arma juerga ahora en las sucias cacerolas de carne de una civilización decadente.
—¿Cómo estás, Chib? La panda se pregunta cuándo vendrás.
—¿Con vosotros? Aún no he desayunado, y tengo que hacer mil cosas para prepararme para la exposición. ¡Os veré a mediodía!
Rousseau se desvanece como el último de los pieles rojas.
El intercom silba precisamente cuando Chib va a desayunar. ¡Abrete, sésamo! Chib ve en la pantalla la sala de estar. Remolinea el humo, demasiado denso y furioso para que lo disuelva el acondicionador de aire. En el extremo más lejano del ovoide, sus pequeños hermanastros y hermanastras duermen en el sofá. Jugando a Mamá-y-su-amigo, se han dormido, las bocas abiertas en bendita inocencia, hermosos como sólo pueden serlo los niños dormidos.
Frente a los cerrados ojos de cada uno hay un ojo, que no parpadea, como el de un cíclope de Mongolia.
—¿No son conmovedores?—dice Mamá—. Los pobrecitos estaban demasiado cansados para irse a la cama.
La mesa es redonda. Los viejos y solteronas se han reunido a su alrededor para la última batalla de rey, caballo, sota y as. Sus armaduras son sólo capas y capas de grasa. Las mejillas de Mamá cuelgan como banderas en un día sin viento. Sus pechos se deslizan y tiemblan sobre la mesa, se inclinan y se agitan.
—Partida de tahúres—dice Chib en voz alta, mirando las gruesas caras, los tremendos pechos, las nalgas exuberantes.
Ellos levantan las cejas.
—¿De qué coño habla ahora el genio loco?
—¿Es realmente subnormal tu hijo?—dice uno de los amigos de Mamá, y ellos ríen y beben más cerveza.
Angela Ninon, no queriendo dejar de intervenir, e imaginando que Mamá pronto pondrá en marcha los aspersores, se mea piernas abajo. Se ríen, y Guillermo el Conquistador dice:
—Abro.
—Yo siempre estoy abierta—dice Mamá, y ellos chillan de risa.
Chib quisiera llorar. No lo hace, aunque lo han animado desde su infancia a llorar siempre que le apetezca.
Te hace sentir mejor. Y fijate en los vikingos, qué hombres eran, y lloraban como niños cuando tenían ganas.
Cortesía del canal 202 en el popular programa ¿Qué ha hecho una madre?
Él no llora porque se siente como un hombre que recuerda a la madre a quien amaba y que murió, pero hace mucho tiempo. Su madre ha sido enterrada profundamente bajo un alud de carne. Cuando él tenía 16 años, había tenido una madre encantadora.
Entonces ella dejó de cuidarlo.


Familia que mama, familia que crece
De un poema de Edgar A.
Grist, vía canal 88.
—Hijito, yo no saco nada de esto. Lo hago sólo porque te quiero.
¡Después, grasa, grasa, grasa! ¿Dónde se fue? Hundida en el abismo de la adiposis. Desapareciendo conforme aumentaba de volumen.
—Hijito, por lo menos podrías discutir conmigo un poco de vez en cuando.
—Me dejaste, Mamá. De acuerdo. Soy un hombre ahora. Pero no tienes derecho a esperar de mí que resucite aquello.
—¡Ya no me quieres!
—¿Qué hay de desayuno, Mamá?—dice Chib.
—Ahora tengo buenas cartas, Chibby—dice Mamá—. Como has dicho muchas veces, eres un hombre. Sólo por esta vez, hazte tu propio desayuno.
—¿Para qué me llamaste?
—Olvidé cuando empieza la exposición. Quería dormir algo antes de ir.
—A las dos y media, Mamá, pero no tienes obligación de ir.
—Oh, quiero estar presente. No quiero perderme los triunfos artísticos de mi propio hijo. ¿Crees que ganarás el premio?
—Si no, ahí está Egipto—dice él.
—¡Esos apestosos árabes!—dice Guillermo el Conquistador.
—Es la Oficina quien lo hace, no los árabes. Los árabes emigraron por la misma causa que puede hacernos emigrar a nosotros —dice Chib.

¿Quién hubiera pensado que Beverly Hills se volvería antisemítico?
De las Memorias inéditas del Abuelo.

—¡No quiero ir a Egipto!—llora Mamá—. Tienes que ganar ese premio, Chibby. No quiero dejar el Nido. Nací y crecí aquí, bueno, en el décimo nivel, y cuando me mudé también lo hicieron todos mis amigos. ¡No iré!
—No llores, Mamá—dice Chib, sintiendo pena a su pesar—. No llores. El gobierno no te puede obligar a ir, ya sabes. Tienes unos derechos.
—Si quieres seguir teniendo golosinas, irás—dice Guillermo el Conquistador—. A menos que Chib gane el premio, claro. Y yo no le echaría en cara que ni siquiera intentara ganarlo. No es culpa suya que tú no le sepas decir "no" al Tío Sam. Tienes tu sueldo y lo que gana Chib vendiendo sus cuadros. Todavía no es suficiente.
Gastas más de prisa que ganas.
Mamá le grita con furia a Guillermo, y se van. Chib desconecta el fido. A la mierda con el desayuno; comerá después. Su último cuadro para el Festival debe estar terminado a mediodía. Aprieta una placa y la desnuda habitación oval se abre aquí y allá, y surgen equipos de pintura como un regalo de los dioses electrónicos. Zeuxis se desmayaría y Van Gogh compartiría su excitación si pudieran ver el lienzo, la paleta y el pincel que usa Chib.
El proceso de pintar incluye el doblar y torcer individualmente miles de alambres, dándoles diferentes formas, y colocarlos a diversas profundidades. Los hilos son tal delgados que sólo pueden ser vistos con amplificadores y manipulados con tenacillas extremadamente delicadas. De ahí las gafas de aumento que usa Chib y la larga herramienta, casi tan delgada como un hilo de araña, que lleva en la mano durante las primeras etapas de la creación de un cuadro. Tras cientos de horas de lento y paciente trabajo (de amor), los cables están preparados.
Chib se quita las gafas para ver el efecto general. Entonces utiliza el aspersor de pintura para cubrir los hilos con los colores y matices que desea. La pintura se endurece en pocos minutos. Chib conecta conductores eléctricos al cuenco y aprieta un botón para enviar una leve descarga por los hilos. Éstos brillan bajo la pintura y, fusibles liliputienses, desaparecen entre humo azul.
El resultado es una obra tridimensional compuesta de duras cáscaras de pintura en varios niveles bajo el revestimiento exterior. Las cáscaras son de diversos grosores, pero todas tan delgadas que la luz las atraviesa desde el nivel más alto al más interno cuando el cuadro es girado en ángulos. Partes de las cáscaras son simplemente reflectores para intensificar la luz, con el fin de que las imágenes internas sean más visibles.
Cuando el cuadro se expone al público, está en un pedestal móvil que gira 12º a la izquierda del centro y luego 12º a la derecha.
El fido suena. Chib, maldiciendo, piensa en desconectarlo. Por lo menos, no es el intercom de su madre llamando histéricamente. Bueno, no todavía. No tardará en llamar si pierde mucho al póker.
¡Abrete sésamo!


Cantad, maullad al Tío Sam
Escribe el Abuelo en sus Eyaculaciones Privadas: 25 años después de mi huida con 20.000 millones de dólares y de mi muerte aparente de un ataque al corazón, Falco Accipiter está de nuevo sobre mi pista. El detective de la O. R. 1. que tomó el nombre de Halcón Cazador cuando ingresó en su profesión. ¡Menudo ególatra! De todas formas, es tan agudo de vista e inflexible como un ave de presa, y yo temblaría si no fuera demasiado viejo para temer a los simples seres humanos. ¿Quién le quitó cadena y capucha? ¿Cómo encontró el viejo y frío rastro?
La cara de Accipiter es la de un halcón demasiado desconfiado que intenta mirar a todas partes al cernerse, y mira en su propio ano para asegurarse de que ningún pato se ha refugiado allí. Los pálidos ojos azules lanzan miradas como cuchillos escondidos en la manga de la camisa que se arrojan con un giro de la muñeca. Lo exploran todo con percepción sherlokiana de la minucia y del detalle significativo.
Su cabeza gira a ambos lados, las orejas moviéndose, las ventanas de la nariz aleteando, todo radar y sonar y odar.
—Señor Winnegan, siento llamarle tan temprano. ¿Le he sacado de la cama?
—¡Es evidente que no!—dice Chib—. No se moleste en presentarse. Le conozco. Lleva tres días siguiéndome.
Accipiter no se sonroja. Maestro en autocontrol, se guarda todo el rubor en las profundidades de las tripas, donde nadie pueda verlo.
—Si me conoce, quizá pueda decirme por qué le llamo...
—¿Iba a ser yo tan bocazas como para decírselo?
—Señor Winnegan, me gustaría hablar con usted respecto a su tatarabuelo.
—¡Lleva 25 años muerto!—grita Chi~ Olvídelo Y no me moleste. No intente conseguir una orden de registro; ningún juez se la daría. La casa de un hombre es su costilla..., quiero decir castillo.
Piensa en Mamá y en el día que le va a dar a menos que se vaya pronto. Pero tiene que acabar el cuadro.
—¡Esfúmese, Accipiter!—dice Chib—. Creo que daré parte de usted a la BPHR. Estoy seguro de que lleva un fido en su estúpido sombrero.
La cara de Accipiter permanece tan lisa e inmóvil como una escultura en alabastro del dios halcón Horus. Puede tener algo de gas retorciéndole los intestinos De ser así, lo expulsa sin que se note.
—Muy bien, señor Winnegan. Pero no se va a librar de mí tan fácilmente. Al fin y al cabo...
—¡Esfúmese!
El intercom silba tres veces. Es la señal de que llama el Abuelo.
—Estaba espiando—dice la voz de 120 años de edad, hueca y profunda como el eco en la tumba de un faraón—. Quiero verte antes de que te vayas. Bueno, si es que puedes dedicar algunos minutos al Viejo de los Rompecabezas.
—Eso siempre, Abuelo—dice Chib, pensando cuánto quiere al anciano—. ¿Necesitas comida?
—Sí, y también para la mente.
Der Tag. Dies irae. Götterdämmerung. Armagedón. Las cosas están llegando a su fin. Día de hacer o de romper. Tiempo de ir y no ir. Todas estas llamadas y la sensación de algo más que está al caer. ¿Qué traerá el final del día?


El comprimido del sol se desliza
en la dolorida garganta de la noche
(Por Omar Runic)

Chib camina hacia la puerta convexa que se hunde, enrollándose, en dos ranuras de las paredes. El centro de la casa es la habitación familiar, oval. En el primer cuadrante, en el sentido de las agujas del reloj, está la cocina, separada de la habitación familiar por biombos de seis metros de altura decorados por Chib con escenas de tumbas egipcias: su opinión demasiado sutil de la comida moderna. Siete delgadas columnas alrededor de la sala marcan los límites de habitación y pasillo. Entre las columnas hay más biombos altos, pintados por Chib durante su Época de la Mitología Amerindia.
El pasillo tiene también forma oval; todas las habitaciones de la casa se abren a él. Hay siete habitaciones; seis de ellas son combinaciones de dormitorio, despacho, estudio, lavabo y ducha. La séptima es un cuarto trastero.
Pequeños huevos en huevos mayores en grandes huevos en un megamonolito en una pera planetaria en un universo oval: la más reciente cosmogonía, que indica que el infinito tiene la forma del producto de la gallina. Dios empolla sobre el abismo y cacarea cada trillón de años o así.
Chib atraviesa el recibidor, pasa entre dos columnas esculpidas por él en forma de cariátides nínficas y entra en la habitación familiar. Su madre le mira de reojo, pensando que se acerca a pasos agigantados a la locura, si no ha alcanzado ya su umbral. Es culpa de ella, en parte; no debería haberse enfadado y haber terminado Aquello en un momento de chifladura. Ahora es gorda y fea, oh, Dios, tan gorda y tan fea... No puede esperar razonablemente, ni siquiera irrazonablemente, empezar de nuevo.
Es natural, se dice suspirando, resentida y lagrimeante, que haya abandonado el amor de su madre por las delicias extrañas, firmes, de las formas de las jóvenes. Pero ¿dejarlas a ellas también? El no es un narciso. Dejó todo eso a los 13 años. Entonces ¿cuál es la razón de su castidad? Tampoco usa el fornixator, cosa que ella podría comprender aunque no lo aprobara.
«Oh, Dios, ¿en qué me equivoqué? Y sin embargo, no tengo nada de malo. Está enloqueciendo como su padre, Raleigh Renacimiento creo que se llamaba, y su tía y su tatarabuelo. Es por culpa de toda esa pintura y todos esos extremistas, los Jóvenes Rábanos, con los que se mezcla. Es demasiado artista, demasiado sensible. Oh, Dios, si le ocurre algo a mi hijito tendré que ir a Egipto.»
Chib conoce sus pensamientos, porque ella los ha pronunciado muchas veces y no es capaz de tenerlos nuevos. Pasa junto a la mesa redonda sin decir una palabra. Los caballeros y doncellas del Camelot en lata le miran a través de un velo de cerveza.
En la cocina, abre una puerta oval en la pared. Saca una bandeja con platos y tazas de comida tapados y envueltos en plástico.
—¿No vas a comer con nosotros?
—No te quejes, Mamá—dice él, y vuelve a su habitación para coger algunos cigarros para su Abuelo.
La puerta—que debería detectar, amplificar y transmitir la móvil pero reconocible aura de campos eléctricos epidérmicos al mecanismo de apertura—falla. Chib está demasiado alterado. Remolinos magnéticos se enfurecen sobre su piel y distorsionan la configuración espectral. La puerta se abre a medias, se cierra, cambia de opinión de nuevo, se abre, se cierra.
Chib le da una patada y queda totalmente bloqueada. Decide ponerle un "sésamo" verbal o visual. El problema es que le faltan piezas y cupones y no puede comprar los materiales. Se encoge de hombros, camina a lo largo del recibidor curvo, de una sola pared, y se detiene ante la puerta del Abuelo, oculta de la vista de los del salón por los biombos de la cocina. Chib recita la contraseña:

Pues cantó de paz y libertad,
cantó de belleza, amor y deseo;
cantó de muerte, y de vida inmortal
en las Islas de los Benditos,
en el Reino de Ponemah,
en la tierra de A Partir de Ahora.
Muy querido por Hiawatha
era el gentil Chibiabos.


La puerta se abre, enrollándose sobre sí misma hacia atrás.
Una luz amarillo rojiza, creación del propio Abuelo, sale por la puerta oval, convexa. Mirar a su través es como mirar en las pupilas de un loco. El Abuelo, en el centro de la habitación, tiene una barba blanca que le llega hasta medio muslo, y su cabello blanco le cae en cascada hasta debajo de las rodillas. Aunque barba y cabello ocultan su desnudez y no está en público, lleva zapatos. El Abuelo es un poco chapado a la antigua, cosa excusable en un hombre de doce decadencias de edad.
Como Rex Luscus, es tuerto. Sonríe con sus propios dientes, crecidos a partir de brotes trasplantados hace 30 años. Un gran cigarro verde cuelga de una esquina de su roja y llena boca. Su nariz es ancha y sucia como si el tiempo la hubiera aplastado con un pesado pie. Su frente y mejillas son anchas, quizás a causa de algo de sangre Ojibway en sus venas, aunque nació Finnegan e incluso suda célticamente, soltando un olor a güisqui. Mantiene la cabeza alta, y el ojo azul gris es como un charco en el fondo de una cuenca antediluviana, resto de un glaciar fundido.
En conjunto, el rostro del Abuelo es el de Odín al volver de las Fuentes de Mimir, preguntándose si ha pagado un precio demasiado alto. O el de la Esfinge de Gizeh, golpeado por el viento y comido por la arena.
—Parafraseando a Napoleón, cuarenta siglos de histeria nos contemplan—dice el Abuelo—. La cabeza de piedra de los eones. "¿Qué es entonces el Hombre?", dijo la Nueva Esfinge, habiendo resuelto Edipo la pregunta de la Vieja Esfinge (sin solucionar nada, porque Ella ya había parido otra de su especie, una niña de culo escocido con una pregunta que nadie ha sido capaz de contestar todavía. Y quizá no puede ser contestada).
—Hablas de un modo raro—dice Chib—, pero me gusta.
Sonríe al Abuelo, queriéndole.
—Te arrastras hasta aquí cada día, no tanto por amor a mí como para ganar conocimiento y perspicacia. Lo he visto y oído todo, y he pensado algo más que un poco. Viajé mucho, antes de refugiarme en esta habitación hace un cuarto de siglo. Y sin embargo, mi confinamiento aquí ha sido la mayor Odisea de todas.


»El viejo marinero

»me llamo a mí mismo. Un escabeche de sabiduría ha saturado la disolución de cinismo demasiado salado y vida demasiado larga.
—Sonríes como si acabaras de gozar de una mujer—se guasea Chib.
—No, hijo mío. Perdí la tensión en mi verga hace treinta años. Y doy gracias a Dios por ello, ya que me aleja de la tentación de fornicar, por no hablar de la masturbación. Sin embargo, me quedan otras energías, y por tanto intención de otros pecados, y éstos son incluso más importantes.
»Junto al pecado de la realización sexual, que paradójicamente incluye el de la emisión sexual, tenía otras razones para no solicitar de esa Vieja Ciencia de la Magia Negra fuerzas para excitarme de nuevo. Era demasiado viejo para atraer a las jóvenes excepto con dinero. Y era demasiado poeta, amante de la belleza, para acostarme con las arrugadas vejigas de mi generación o de varias anteriores a la mía.
»Así que ya ves, hijo mío. Mi badajo se balancea flojamente en la campana de mi sexo. Ding, dong, ding, dong. Mucho dong pero poco ding.

El Abuelo ríe profundamente, un rugido de león con rocío de palomas.

Prologo

De como unas cervezas y una entrada de Mar en FB te llevan a la escritura de un relato compartido.